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EL GOBIERNO PORTEÑO HOMENAJEARÁ CON MEDALLAS DEL BICENTENARIO A ACADÉMICOS PDF Imprimir E-mail
Jueves, 29 de Julio de 2010 11:10

medalla_bicentEste jueves 29, a las 16,30 en la Manzana de las Luces, Perú 272, el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y el Programa Puertas del Bicentenario, entregarán Medallas del Bicentenario a académicos y rectores de la Universidad de Buenos Aires por su labor comprometida y ejemplar, al cumplirse 44 años de la Noche de los Bastones Largos.

Recibirán ese reconocimiento Pablo Miguel Jacovkis, Mariana Weissman, Guillermo Jaim Etcheverry, Francisco Delich, Rubén Hallú y Juan Manuel Borthagaray.

El acto estará presidido por el Ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, y contará con la asistencia de la Directora General de Patrimonio e Instituto Histórico, Liliana Barela, y el Coordinador del Programa Puertas del Bicentenario, Carlos Ares.

Esta entrega es parte de la conmemoración que lleva adelante el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires por los 200 años de la Revolución de Mayo; y tiene como propósito reconocer a personas e instituciones destacadas por su labor, trayectoria, honestidad, decencia, esfuerzo sostenido, y la generosa contribución que han hecho a la sociedad de su tiempo. Es importante aclarar que la medalla del Bicentenario no es un premio ni un trofeo, sino uno de los múltiples actos simbólicos del Programa Puertas del Bicentenario.

Las medallas fueron diseñadas y realizadas por el artista Antonio Pujía, uno de los escultores más importantes de la Argentina, con amplio reconocimiento internacional.

La Noche de los Bastones Largos

Entre 1956 y 1966, las  universidades argentinas conocieron la década de mayor esplendor y reconocimiento internacional. Por esos años, se consolidó el boom del libro universitario a partir de la creación de EUDEBA, la Editorial de la Universidad de Buenos Aires. Se creó el CONICET y  nuevas carreras, algunas vinculadas al desarrollo económico nacional.

En ese contexto, el 29 de julio de 1966, la recién instaurada dictadura del general  Juan Carlos Onganía arrasó con más de medio siglo de  autonomía universitaria.

Esa noche, conocida como “la noche de los bastones largos” dejó numerosos heridos, cientos de detenidos y más de 300 docentes expulsados que tomarían el camino del exilio. Nunca después, la Universidad Argentina alcanzó tan alto grado de desarrollo.

A partir de esa noche la investigación científica se cubrió de oscuridad y comenzó un éxodo que no se detendría jamás.

Un mes antes, Onganía había derrocado al gobierno democrático de Arturo Illia y dado inicio a la dictadura autodenominada Revolución Argentina. Las universidades públicas  estaban entonces organizadas de acuerdo a los principios de la Reforma Universitaria, que establecían la autonomía del poder político y el cogobierno tripartito de estudiantes, docentes y graduados.

La represión fue particularmente violenta en las facultades de Ciencias Exactas y Naturales y de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

La Policía Federal, que se encontraba bajo intervención militar desde el 28 de junio de 1966, recibió órdenes de reprimir duramente. Fueron detenidas 400 personas y destruidos laboratorios y bibliotecas.

Se recuerda esta noche como la de los bastones largos, por el modo en que la Policía reprimió a los estudiantes. En varias de las sedes de la Universidad de Bs. As., principalmente en la facultad de Ciencias Exactas de la calle Perú 232, los gendarmes golpearon brutalmente al alumnado, profesores y graduados, haciéndolos pasar bajo una doble fila de bastonazos, a la salida de los edificios.

En los meses siguientes cientos de profesores fueron despedidos, renunciaron a sus cátedras o abandonaron el país.

En total emigraron 301 profesores universitarios; de ellos 215 eran científicos; 166 se insertaron en universidades latinoamericanas, básicamente en Chile y Venezuela; otros 94 se fueron a universidades de los Estados Unidos, Canadá y Puerto Rico; los 41 restantes se instalaron en Europa.

En algunos casos equipos completos fueron desmantelados. Es lo que sucedió con el Instituto de Radiación Cósmica y el Instituto de Cálculo de Ciencias Exactas, que operaba a Clementina, la primera computadora de América Latina.

Con la intervención del gobierno militar a las universidades se aplicó una estricta censura en los contenidos de enseñanza universitaria y se desmanteló un proyecto reformista de universidad científica de excelencia, sobre la base de la estrecha vinculación entre investigación y docencia.

El hecho está considerado como una referencia central de la decadencia cultural y académica, y de la fuga de cerebros, en Argentina.

Recordar este hecho, es un deber de la memoria.

Prensa Ministerio de Cultura GCBA 4343-5356

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