En este festejo de los 207 años del barrio, el Párroco de la Basílica San José de Flores: Pbro. Gabriel Marronetti, habla de los pilares que hacen que uno pueda pensar lo y el primero que destaca es la historia, otro es la gente y destaca la importancia de la gente que lo habita y lo vive que al amar al barrio lo cuida y lo da a conocer. El padre también hizo referencia al Papa Francisco que viviendo en Plaza de Mayo, una vez al mes venía a la Basílica, allí se sentaba en silencio, porque se reencontraba con su niñez, con su juventud, con sus recuerdos, él amaba el barrio por eso podemos decir que hay algo de Flores en Roma.
También contó la anécdota de un jubilado que viviendo ahora en Primera Junta, cada día se viene caminando hasta la plaza, viendo que está todo bien vuelve a su casa, esto es vida para mí dice que manifestó el jubilado vecino, camino que es salud física, pero sobre todo salud para el alma, porque él ama este barrio y necesita verlo a diario, dice el Pbro. Gabriel, un hermoso relato de pertenencia.
Para empezar a conocer la historia en el barrio Flores comenzaremos por comprender el origen de su nombre: San José de Flores proviene de una composición conformada por San José, por el patrono escogido para velar por la primera capilla que se construyó en esta zona, y el segundo, Flores, tiene relación con Juan Diego Flores, el hombre que hiciera una importante inversión, prácticamente toda su fortuna, en estas tierras que con el paso de los años darían vida a este barrio.
En sus primeros años de historia en el barrio Flores podían apreciarse una gran cantidad de quintas de impresionantes extensiones, principalmente utilizadas en temporada estival. Se destacaban también los propietarios y ocupantes de estas residencias, como es el caso de Juan Manuel de Rosas, quien era dueño de un establecimiento de campo en los alrededores, además de ser visitante frecuente de la quinta de los Terrero, compadre, socio y muchas veces apoderado judicial del caudillo. Ubicada en lo que hoy se conoce como Avenida Rivadavia al 6440, la quinta de Terrero era el punto de encuentro para exclusivas fiestas y reuniones políticas de alto nivel.
Otra personalidad que decidió formar parte de la historia en el barrio Flores fue el Gral. Urquiza, quien instaló en estas tierras su magnífica casa quinta, luego de Caseros. Se encontraba localizada entre las calles Federación (hoy denominada Avenida Rivadavia) y Carabobo y recibió el nombre de Palacio San José. Allí fue el lugar elegido por Urquiza para promulgar la Ley Fundamental; allí fue donde se juró y se comunicó a todo el país. Además, en ese mismo sitio se llevó a cabo la firma del Pacto de Unidad Nacional, celebrado en noviembre del año 1859, que declaraba la reincorporación de la provincia de Buenos Aires a la Confederación.
Es posible realizar una exhaustiva descripción de importantes quintas que hicieron historia en el barrio Flores, sin embargo añadiremos tan sólo una: la del inglés Eduardo Mulhall, conocida como "Lambaré", en honor al cacique que llevaba ese nombre. Según cuentan su dueño era una personalidad muy apreciada, de excelentes modales y mucho estilo al vestir, todo esto llevó a que lo llamaran "el inglés bueno". Su residencia fue frecuentemente visitada por el Gral. Roca, su vecino por ese entonces, quien disfrutaba de sus extensos jardines y compartía con el inglés la pasión por el juego de ajedrez.
Un punto de gran importancia para la historia en el barrio Flores es su iglesia: en ella se llevó a cabo el funeral de una de las grandes personalidades de la historia argentina, Manuel Dorrego. Además, en la plaza del pueblo se procedía a fusilar, en pelotones, a los opositores de Juan Manuel de Rosas. En el año 1857 se celebra la inauguración de la primera línea de ferrocarril, que conectaba la actual Plaza Lavalle con La Floresta.
Entre las diferentes comunidades que hicieron historia en el barrio Flores es imposible dejar de lado la comunidad judía, la armenia y la vasca. La primera arribó desde Damasco y Alepo y se asentaron en el barrio, principalmente en la calle Avellaneda, entre Nazca y Campana, y sus adyacencias. Los armenios se instalaron en la zona sur del barrio, conformando un grupo de más de 200 casas, ocupándose especialmente a tareas de construcción y calzado. Finalmente los vascos se localizaron en la zona que rodea a la estación, destacándose como una comunidad ruidosa y pintoresca en la región.