La legislatura porteña fijó mediante la ley Nº 1363, el 16 de noviembre como "Día del Barrio de Versalles" en conmemoración del onomástico de su patrona Nuestra Señora de la Salud."
En el siglo XVIII esta zona se conocía con el nombre de Monte Castro, y pertenecía a la extensa chacra de don Pedro Fernández de Castro. Tras pasar por otras manos, en 1875 el actual barrio poseía tres propiedades: la Casa de Ejercicios de las Hermanas, Boneo y Visillac de Rodriguez, y las tierras estaban en gran parte ocupadas por un monte de duraznos. En 1908 la Compañía de Tierras del Oeste compró a don Jorge Eduardo Rodriguez Visillac una fracción de tierras, iniciándose paralelamente la construcción de un ramal del Ferrocarril del Oeste. Instalada una estación en esas tierras, don José Guerrico, que acababa de visitar en Francia el famoso palacio, propuso que se denominara Versalles a la flamante estación. El 1º de diciembre de 1911 se inauguró el nuevo servicio, que unía Plaza Once de Setiembre con Versalles, comenzando también los loteos y la conformación de este barrio de apacible tranquilidad.
Los orígenes de Versalles, un barrio que se caracteriza por su vida familiar, se remontan a principios del Siglo XX, cuando la expansión agropecuaria y el impulso del ferrocarril (como en tantos otras zonas de la ciudad) favoreció la urbanización de espacios alejados del centro.
Como consecuencia entonces de la expansión de la red ferroviaria, se inauguró, en diciembre de 1911, la estación Versalles, dependiente del Ferrocarril del Oeste. La denominada “Compañía de Tierras del Oeste” compró a Eduardo Rodríguez Visillac y a Massini los terrenos que en la actualidad conforman Versalles.
Desde el año 1911 funcionó en Versailles un tren que le dio origen al barrio y marco su identidad...
El "trencito" como le decían los vecinos fue el punto de reunión y encuentro de toda la comunidad. En 1943 por el entubamiento del arroyo Maldonado hubo un peligro de que el ramal cerrara, pero finalmente pudo evitarse. Con la construcción de la Av. Juan B. Justo, esto ya no fue posible y el trencito fue clausurado definitivamente el 5 de Octubre de 1952. La tristeza invadió al barrio. Doce años más tarde, con la indiferencia de algunos vecinos y la complicidad de otros, se tiró abajo el último vestigio en pie que quedaba del trencito: la estación. Versailles perdió así un símbolo fundante del barrio, sumándose a una repetida y lamentable historia en la Argentina: destruir aquellas cosas que nos representan y forman parte de nuestra identidad.
A través de un trabajo de investigación y entrevistas con los vecinos, se reconstruye la historia del tren reflexionando sobre lo ocurrido, un trabajo realizado por Susana Boragno, con dirección de Juan Carlos Dominguez, que fue declarado de interés cultural por la Legislatura de la ciudad en agosto de este año.