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Allí Mariana, su hija, destacó la importancia del trabajo barrial, que llevó adelante Enrique durante tantos años, como director del periódico barrial Vínculos Vecinales, como también en apoyo a distintas instituciones en las que fue parte, remarcando “La generación que ahora se nos está yendo forjó esta ciudad con el "bien común" como bandera. Creaban sociedades de fomento, clubes, bibliotecas. Se organizaban, ofrecían su tiempo”.

Mi papá, Enrique Lifschitz, fue uno de esos vecinos. En Floresta había dos manzanas baldías, las que ahora ocupan el Polideportivo Pomar, la plaza Udine (o Banderín) y la escuela Rosales. Mi papá junto a otros vecinos luchó para que el gobierno transformara esas dos manzanas en lo que son hoy, y luego siguieron luchando, participando, para darle vida al Poli.

También se preguntó Mariana la importancia del homenaje, respondiéndose “Yo creo que es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos. Algo de lo que hizo esa persona nos vibra en el presente y nos sirve para pensar lo que estamos haciendo ahora. En mi caso, cuando falleció mi papá y tomé la posta de hacer el periódico Vínculos Vecinales, descubrí la increíble cantidad de cosas que pasan entre las personas que viven a unas cuadras unas de otras, los lazos que se tejen gracias a los vecinos y vecinas que miran a su alrededor y deciden poner en marcha… algo compartido”.

Mariana destacó la importancia de la lucha de las Madres del Dolor, estaba presente Silvia Irigaray, que es de Floresta, como también de los que a diario completan y acompañan desde los distintos espacios del barrio, a los que integran cooperadoras, en fin a las fuerzas vivas que hacen todo lo posible por mejorar las condiciones de los vecinos.

Los mayores nos cuentan sobre las divisiones de la sociedad en aquella época, continuó Mariana, sin embargo, mi viejo en su relato habla de una lucha que los unía. También cuenta las peleas, las traiciones, no era idílico ese pasado. Pero había una idea de “bien común” compartida. Nadie dudaba que el barrio merecía que esas dos manzanas se conviertan en una plaza y un polideportivo, que era trabajo del Estado hacerlo y que ese espacio tenía que ser público y gratuito, para disfrute de todos.

Esa idea de bien común de la que en ese pasado cercano nadie dudaba es el legado que, creo yo, nos viene bien apropiarnos, divulgar, fortalecer en este presente.

Educación, deporte, cultura, arte, esparcimiento, salud, espacios verdes, para todos y todas, públicos, gratuitos y de calidad. Eso es, entre otras cosas, el bien común. Por esas cosas se unían y luchaban los vecinos entonces, por esas cosas siempre tendremos que luchar, sea para obtenerlas, sea para cuidarlas si ya las tenemos.

Agradeció la iniciativa de Fernando Moya, integrante de la Junta comunal 10, la Legislatura de la Ciudad aprobó la propuesta del Legislador Claudio Morresi y se realizó la colocación de una placa en la memoria de Enrique Lifschitz "por su activa participación barrial en Floresta: promotor, fundador del Polideportivo Gregorio Pomar, y gestor del mismo a través de la Cooperadora del Poli".

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