Ciudad

Hay un hilo que une las salas del Museo Moderno y las del Centro Cultural Recoleta este invierno. Un hilo que, además, abre una pregunta. ¿Qué hacemos con lo que heredamos y qué mundo imaginamos hacia adelante? Ese planteo recorre las nuevas muestras del Moderno, que cumple 70 años; y del Recoleta, que estrena su convocatoria anual. Dos sedes que concentran por estos días lo más potente del arte contemporáneo local.

En su 70° aniversario, el Moderno suma dos exposiciones que interrogan nuestra relación con la tecnología, el ambiente, el conocimiento y la inteligencia artificial. Bosques Umbral y Luis Camnitzer, Todo por aprender imaginan qué mundo estamos construyendo mientras aprendemos a habitarlo. En Av. San Juan 350, entrada libre y gratuita.

Con curaduría de Nicolás Cuello, Bosques Umbral invita a un territorio donde las fronteras entre naturaleza y artificio se borran. La tecnología aparece en saberes ancestrales, en dispositivos digitales e Inteligencia Artificial. Gala Berger, Flavia Da Rin, Lulo Demarco, Alejandra Mizrahi, Toni Morales, Eva Moro Cafiero, Yhomara Muñoz y Jimena Travaglio cruzan diseño, ciencia ficción, artesanía y cosmovisiones vinculadas con la diáspora indígena; y puede visitarse hasta el 1 de agosto 2027.

Todo por aprender presenta al artista Luis Camnitzer (Lübeck, 1937) frente a una herramienta del presente: la inteligencia artificial. Con curaduría de Alfredo Aracil, Camnitzer imagina un diálogo con Simón Rodríguez, filósofo venezolano, maestro de Bolívar y defensor de una educación emancipadora. La IA funciona aquí menos como respuesta que como instrumento para preguntar, crear y aprender. Hasta el 1° de febrero.

En el Recoleta, la convocatoria reúne a tres artistas de distintas edades y trayectorias, con salas ampliadas

Melodía encadenada, de Andrés Aizicovich, parte de la inmersión para pensar el acto creativo, con pinturas de cuerpos flotantes y una fuente de cabezas-vasijas que hace circular agua y dialoga con la del patio. Curada por Javier Villa.

Flor Alvarado se luce con la desfachatada Fantasía de valor, que con dibujo, pintura, escultura y performance rinde homenaje a su herencia marrón-indígena y a su familia migrante boliviana. Incluye un altarcito del deseo, de la costumbre andina de ofrendar en miniatura lo que se anhela, con objetos de lujo. Sus papas y garrafas con humor y sensualidad cuestionan el canon y las jerarquías sociales. Curada por Carla Barbero.

Por último, Eslabón de Leyes, de Manuel Sigüenza, parte de un hecho curioso, cerámicas halladas en los años 30 en el arroyo Leyes, sin correspondencia con culturas conocidas. Las hipótesis sobre su origen, incluidas la de que fueron fabricadas para ser halladas como piezas arqueológicas, invitan a pensar la construcción de la verdad y el artificio en el arte y en los relatos que nos contamos.

Las tres inauguraron el jueves pasado y pueden visitarse en las salas 4, 10 y 11 (Junín 1930), con entrada libre para argentinos y residentes; de martes a viernes de 12 a 21 y fines de semana y feriados de 11 a 21 horas.

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