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Arte y Escuela. La visita al Museo, una mirada diferente 2015 / Alejandro Avakian. En Contraste / OLGA AUTUNNO. El bosque encendido / Premio Estímulo De Fotografía “Manuel Ayerza”. Academia Nacional de Bellas Artes.

Inauguración: viernes 23 de octubre a las 10.30 h

Arte y Escuela

La visita al Museo, una mirada diferente 2015

Exposición que reúne trabajos realizados por alumnos de las escuelas primarias públicas porteñas y constituye el cierre de un proceso de labor compartido entre los chicos y un artista visual. Esta propuesta tiene la particularidad de convocar a los artistas para que trabajen junto con los chicos en la escuela o en sus propios talleres, propiciando encuentros que generan innovaciones en la lógica de los saberes escolarizados.

Tanto las visitas y los talleres como la muestra son fruto de un esfuerzo conjunto del Museo Sívori, la Dirección del Área de Educación Primaria, la Supervisión Coordinadora de Educación Plástica y el Equipo de Supervisores. En esta edición, participarán los artistas Pablo La Padula, Blas Vidal, Silvia Gai, Patricia Puglisi, José Calisaya, Hebe Roux, Graciela Saulle, Andrea Riccardi, Patricia Pellegrini, Marina Caparrós, Laura Rodríguez Russo, Jorge Possalá, Alicia Sastraba.

Como es habitual, en el marco de la muestra tendrá lugar la Jornada “Arte y Escuela”, destinada a educadores de museos, docentes de escuelas, estudiantes de arte o de carreras afines y a todo el público interesado. Este año se desarrollará el viernes 20 de noviembre, con la participación de Helena Alderoqui, coordinadora de Equipos de Producción Curricular de Artes y coordinadora de Escuelas Primarias con Intensificación en Artes del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, y los artistas y docentes que intervinieron en las propuestas de este año.

Inauguración: sábado 24 de octubre a las 12 h

Alejandro Avakian

En Contraste Curadora: Adriana de Laurenzi.

Con curaduría de Adriana Laurenzi, la muestra En contraste presenta pinturas y litografías, obras recientes en las que Alejandro Avakian alterna trabajos en los que dominan abigarradas tensiones con otros en los que el espacio se expande hasta consagrar el vacío. Atormentados negros contrastan con la presencia dominante del blanco. Embarcado en la búsqueda de imágenes capaces de condensar la intensidad de la experiencia vital, Avakian se ha despojado de preocupaciones formales.

Avakian sostiene una prolífica labor pictórica. El color, voz cantante de sus obras, determina una presencia explosiva que apela directamente a una percepción emocional, aunque en una segunda lectura es posible reconocer formas. Su obra invita a la participación activa del espectador para encontrar la figura que subyace expandida en el trazo-color. La apuesta es desestructurar: la forma se abre, la línea se quiebra, se fusiona a la mancha. La impronta gestual irrumpe, reemplaza al trazo que en su calidad lineal ha desaparecido.

“Con admirable sensibilidad, vislumbra las imágenes o visiones que llegan de manera intuitiva, estas son interpretadas por los sentidos que confían en ellas y a través de impulsos espontáneos quedan plasmados en la obra. El instinto va dictando los colores, el corazón siente y deja al cuerpo libre de fluir y ejecutar”, destaca Laura González, integrante del equipo de Investigación y Archivo del Museo Sívori. “Líneas, puntos y colores se agitan de manera impredecibles sin conceder reposo alguno. De esta manera, el ojo del espectador se mueve errante de un punto a otro en un intento de apreciar la totalidad de la obra. La acción se hace presente en la fluidez de los movimientos y en la instantaneidad del gesto. Los fondos no están completamente cubiertos. El blanco toma un lugar protagónico y es para el artista un universo de posibilidades donde luego consolida los nudos y desenlaces de su propio discurso. La memoria irrumpe y da lugar al dialogo entre el pasado, el presente y el futuro. Estos sostienen el sentido de la acción y al hacerlo consolidan al artista. Colocar la tela en el suelo, darla vuelta y perder la perspectiva lo ayudan a entrar y salir del soporte, en el que con trapos, pinceles, chorreados e incluso su propio cuerpo, deja huellas en la obra con las que confirma su propia identidad. Vinculadas unas con otras el final de una obra, no es final sino comienzo de una nueva. Las partes y el todo son inseparables por lo tanto necesitan ser analizada en su conjunto. Esto hace que la producción de Alejandro Avakian sea en si misma inagotable. De esta manera construye a lo largo del tiempo, un relato artístico donde el arte y la vida se encuentran profundamente entrelazados y es preferible jugarse a todo o nada”, añade.

La curadora Adriana Laurenzi señala: “A fines del 2011 Alejandro Avakian abandona la abstracción figurativa ligada todavía a valores formales y de composición para buscar nuevas imágenes que materialicen las experiencias vitales de la existencia. Avakian sigue sin embargo trabajando con materiales ligados a la tradición pictórica como la tela y el óleo, porque en ellos encuentra la nobleza y la plasticidad que le permiten responden con solvencia a su voluntad expresiva. Por eso arremete la tela con las manos y los pies. Si su estado emocional lo requiere, trabaja con los ojos cerrados. En sus telas más furiosas la imagen deviene de una estela que en su impronta calibra acontecimientos sociales. Sus imágenes no son narrativas, condensan en la mancha y en el gesto la vivencia de la angustia, del horror, de la ansiedad del vacío de muerte o de la fuerza expansiva del alumbramiento. (…) Desde sus inicios en 1999 en el arte, Avakian encara sus obras a partir de una dualidad que ha sido ejemplificado el misterioso caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde creados por Robert Stevenson en la que dos personajes resultan ser caras de una misma personalidad. Así, las imágenes de Avakian parecen participar de dos modos opuestos. Uno caracterizado por una densidad de formas y tonos, en algunos casos de horror vacuo, oscuridad y fuerza desbocadas y otro en el que se manifiestan formas etéreas, sutiles y de vibrátiles trazos que se mueven gráciles en el espacio blanco de la tela. Su experiencia en la ciudad de Brooklyn, Nueva York, donde actualmente tiene su taller, junto con el del barrio porteño de Barracas, le ha permitido superar prejuicios estéticos y descubrir una nueva pasión en la piedra litográfica. En el papel logra expresivas y aleatorias manchas aguadas de tinta cuya imagen está sintonía con las telas”.

Alejandro Avakian nació en Buenos Aires en 1959. Desde sus inicios académicos y manteniendo siempre la presencia de su modelo en el taller, Avakian fue liberando la figuración hasta alcanzar una libertad expresiva que transgrede todo orden establecido, pero que sin embargo tiene sus raíces en la confrontación con la realidad. Alejandro trabaja en sus dos talleres, uno sito en el barrio porteño de Barracas y el otro en Brooklyn, USA.

Olga Autunno

El bosque encendido

Olga Autunno es una artista multidisciplinaria e inquieta que actualmente agudiza la mirada como referente de su época, tomando como eje la fotografía y el video. Mediante esas disciplinas reflexiona sobre varios temas: la naturaleza alterada por efectos de la contaminación, la problemática del ser humano, protagonista de la escena cotidiana, que se debate cada día por emerger, por recomenzar, como índice de lo imposible en el entorno social que le toca vivir. El bosque encendido es un claro ejemplo de esta faceta de la artista. Autunno Interviene el espacio y se corre de la escena: en sus fotografías vemos su huella. Su labor es profundamente poética y está sustentada por un ojo entrenado en treinta años como grabadora y pintora. Las disciplinas están todas ahí, y la nutren en la tarea de poner en imágenes las causas que la conmueven. Hay algo curador en su práctica: el renacer que ella dibuja ofrece una esperanza.

Ivana Siccolo, integrante del equipo de Investigación y Archivo del Museo Sívori, apunta que Autunno, “en su trabajo de desvelar contenidos opta en este caso por el testimonio de instantáneas fotográficas medioambientales y del land art. A través de ellas busca mejorar la compresión de las causas, consecuencias y soluciones de nuestro accionar sobre el planeta que nos contiene. En la serie exhibida podemos advertir tres momentos paradigmáticos: el antes, el durante y el después de un hecho acaecido a principios de 2015, en la provincia de Chubut. En el primero el incendio arrasa todo, dejando a su paso imágenes envueltas en una trágica belleza. La autora genera composiciones estilísticas de construcciones austeras, cargadas de simbolismo. En esta serie los rojos sobre profundos negros intensifican el calor del fuego. Posteriormente una paleta de grises, posicionan al espectador en el momento del entretiempo, en el cual el todo el entorno natural se detiene en un instante de silencio catastrófico, curioso de futuros cambios. De esta manera Autunno nos invita a la observación y contemplación como etapa de aprendizaje, la búsqueda de una memoria y una identidad que empieza a gestarse a partir de despojos de un entorno que antes no existía. Se reconocen troncos ennegrecidos, yerba quemada fondos de ceniza infinita de un paisaje que alguna vez fue y ya no es reconocible. Por último, en el después vemos la mano humana del la artista, que guía y orienta la fuerza vital que puja y trata abrirse camino. La simbología utilizada corresponde a un patrimonio personal: cruces y lápidas que dan cuenta de las pérdidas. Sueros fisiológicos sanadores que nutren la nueva vida que quiere renacer y textiles de fuertes verdes que golpean la retina del espectador y se vuelven esperanza”.

El génesis de esta exposición es el incendio intencional acaecido en 2015 en el valle del Lago de Cholila y en el Parque Nacional Los Alerces, Chubut, que dio como resultado el siniestro forestal más grande de la historia, arrasando 40 mil hectáreas de vegetación nativa durante un mes: cipreses, maitenes, notros, alerces, coihues y cañas, algunos centenarios. Enterada del hecho, la artista viaja hacia la zona afectada y logra que un baqueano la lleve hasta el centro del desastre. “Es ahí donde Olga Autunno cree en su magia, en el poder sanador del arte, al menos para los espíritus. (…) Camina por las cenizas. Deja rosas en la tumba de maderas y ramas. Planta cruces”, relata la crítica especializada en arte María Paula Zacharías, y añade: “Entonces, intenta con su mano reanimar los troncos. Quiere inyectar vida al carbón. Envuelve con tules verdes las ramas que quedaron desamparadas. Las abriga. Arma nidos. Sobre las raíces ennegrecidas desparrama su anhelo de verdor. Sobre el monte, nubes. ‘El árbol de la memoria, que no olvida su sombra’, dice Autunno y planta coníferas en los deseos. Pone vida donde ya no la hay, porque es optimista: confía en la capacidad de resistencia de la naturaleza... en el misterio de la supervivencia”.

Premio Estímulo De Fotografía “Manuel Ayerza”

Academia Nacional de Bellas Artes

El Premio Estímulo “Francisco Ayerza” fue instituido en 2002 por la ANBA y el Automóvil Club Argentino, con una amplia convocatoria a fotógrafos profesionales y aficionados menores de 40 años residente en el país, utilizando con tema básico el automóvil. De este modo, el concurso se realizó anualmente en esas condiciones anualmente durante unos años. Al finalizar su vinculación con el ACA, la ANBA resolvió continuar convocando al certamen pero con tema abierto. Los premios incluyen la adquisición de las obras. La obra que obtiene el Primer Premio es donada por la Academia un museo nacional o provincial que posea fototeca o bien a una institución dedicada a difundir la fotografía a nivel nacional.

Las muestras podrán visitarse hasta el 22 de noviembre en la sede del Museo, Av. Infanta Isabel 555 - frente al puente del Rosedal - Parque Tres de Febrero, de martes a viernes de 12 a 20 h y sábados, domingos y feriados de 10 a 20 h. Lunes cerrado. Entrada: $10. Miércoles y sábados: gratis.

 

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