Nuestro mito nacional más arraigado es el del “padre de la patria”.
Por Cecilia Stepsys
Formar un ejército de la nada, cruzarlo por la cordillera, expulsar a los “realistas” de Chile, proyectar y realizar una expedición anfibia al Perú, constituye una singular proeza que consagra a su protagonista como un admirable conductor militar.
Tiene además nuestro Gran Capitán una dignidad y un señorío personal que hacen de el un arquetipo. Pero deducir que todo esto lo convierta en “padre de la patria” peca de inexacto y fantasioso. Faltan hechos específicos en que apoyarlo o el pensamiento político dinamizante que configurara por lo menos un padre intelectual. San Martin está vinculado con la fundación de nuestra nacionalidad pero no es el padre de ella.
El clásico procerismo de nuestra historia encontró en este mito un taparrabos y un medio de evasión compensatorio. No había un padre de la patria, y porque no lo había y para disimular que no lo había consagro al general de Los Andes. Así la patria no aparecía como hija natural de circunstancias no controladas, y la guerra civil simultanea a la guerra de la independencia, no quedaba descarnadamente en primer plano.
Argentina no tiene un supremo hacedor, un forjador político-militar al estilo de Washington, o en el sentido en que Bolívar lo es respecto de Colombia. No tiene tampoco un patriarca inaugural como Gaspar Rodríguez de Francia. San Martin, que se ha educado y hecho su carrera en España, llega cuando el movimiento emancipador ha comenzado, no tiene actuación política en el país y desarrolla una acción marginal, bordeando los límites del virreinato. Es mucho más real vincularlo patriarcalmente con Perú que con la Argentina, y no existe motivo para suponer que la batalla de Maipú haya tenido en nuestra independencia una gravitación más decisiva que la de Ayacucho o de la guerrilla de Güemes que hizo intransitable paralos”realistas” el camino al sur.
Si hay un país al que mejor le encaja la afirmación de Alberdi de que América es libre porque así lo resolvieron las grandes potencias, es el nuestro. El proceso que dio por resultado fatal la independencia argentina, cuya raíz profunda está en la crisis de la hispanidad, fue regulado por los ingleses y manejado en las trastiendas de las logias. La burguesía criolla ponía sus ansias ardientes de asumir la administración americana e Inglaterra la guiaba con su prestigio de potencia en la que se encarnaba la modernidad, con la ayuda de Napoleón y los filósofos franceses. La independencia estuvo subordinada a la Ilustración, el libre comercio y a la decisión de factores externos. No hubo un poder nacional de decisión porque ese poder solo podía asentarse en el apoyo activo de las masas populares, que fueron relegadas, es cuestión de hacer un poco de memoria, acerca de lo que aprendimos en la escuela, de leer y analizar las causas de la Revolución de mayo, entre otros hechos, que esto fue así, las grandes masas populares estaban al margen al igual que los próceres hablaban de un pueblo, que estaba de acuerdo pero no participaba de las decisiones y muchos menos era consultado.
Con miras a crear el habito de pensar la historia como problema, como experiencia nacional, señalo lo anterior y digo que por más grata que nos sea la personalidad de San Martin y por más reconfortante que nos resulte la evocación de sus gloriosos hechos de armas, adjudicarle el patriarcado no tiene un fundamento mayor que adjudicárselo al mariscal Sucre, vencedor de la ultima resistencia española. (La única diferencia está en que San Martin nació en Yapeyu, “pueblo de las Misiones”, y que en la distancia de su exilio voluntario amo a Buenos Aires al punto de desear que su corazón descansara en el corazón de ella).
Precisamente una de las dolencias históricas es la ausencia de UN “padre de la padre” y la subsiguiente frustración de los líderes como una constante invariable. ¿Cómo va a haber “padre de la patria” si no hubo un liderazgo nacional triunfante?...No sé hasta qué punto San Martin tuvo reales posibilidades de serlo dado su falta de arraigo en el país y su compromiso con las logias, pero de todos modos comparte con quienes tuvieron posibilidades ciertas, la frustración irremediable.
Espero no haber tirado por tierra creencias arraigadas fuertemente, es un simple relato que intenta explicar el porqué del histórico mito de nuestro general.
Si se presenta la oportunidad y se me lo permite quisiera contarles acerca de otros personajes históricos que tuvieron, así mismo la coyuntura histórica a su favor, en algunos casos incluso el “carisma”, que posibilitaba la asunción de un liderazgo nacional creador y victorioso y no obstante se frustraron. Pero quedara para futuras publicaciones. Gracias y hasta la próxima.