No es común que una mujer pase a ocupar un lugar en la historia por haber sido fiel a su enamorado, y más aún si se agrega que la persona amada la había abandonado por otro amor. Pero aquella mujer siguió hasta su muerte siendo fiel a su primer, único y gran amor. Las hubo, como Gregoria Pérez, por haber puesto sus bienes a disposición de Manuel Belgrano. O Margarita Sánchez, en cuyo hogar se realizaban tertulias que marcaron época e hicieron historia. También Juana Azurduy, quien se destacó en la lucha contra los españoles, para citar sólo algunos ejemplos. Pero Norberta Calvento no ocupó cargo alguno en política, no fue mujer que participara en las luchas civiles de otrora y tampoco fue hacedora de actos culturales o sociales. A pesar de ello, merece ser recordada porque su figura se asocia indiscutiblemente a la de Francisco Ramírez. El amor y la lealtad que esta mujer demostrara para con el caudillo entrerriano, bien merecen el recuerdo.
Según lo escribiera María del Carmen Miloslavich de Álvarez, la documentación existente en la Parroquia de Concepción del Uruguay afirma que Norberta Calvento nació en 1790. El documento parroquial fechado el 4 de julio indica que era “hija de Andrés Narciso Calvento, natural de Llanos y de Rosa González, natural de Gualeguaychú” y que fueron padrinos de bautismo “Salvador Sola y Juan Galbán”.
Norberta fue una niña de la sociedad de Concepción del Uruguay. Se afirma que era bella y muy delicada en el trato. Esto es lo contrario al carácter de Ramírez, pero a pesar de ello el caudillo sería el amor de la vida de la bella dama uruguayense.
Lorenza Mallea, en uno de sus trabajos, manifiesta que según cuenta la tradición, “antes de partir a la que sería su última campaña”, Francisco Ramírez “se comprometió en matrimonio con Norberta”.
Ramírez partió hacia su batalla final. Norberta, en tanto, al terminar cada jornada se paraba en la esquina de su casa, “mirando hacia el poniente, donde se ubicaba la cuchilla por donde en varias ocasiones vio aparecer a Francisco y esa costumbre la conservó hasta el final”, precisa Lorenza Mallea en su obra “Evocaciones”.
Tras los sucesos del 10 de julio de 1821 en Chañar Viejo, cerca de Villa de María del Río Seco, en la provincia de Córdoba, llegaron las malas nuevas a oídos de Norberta. Su amado Francisco había muerto. Un certero balazo había acabado con la vida del gran entrerriano, quien además fue decapitado y su cabeza clavada en una pica tras lo cual fue entregada a Estanislao López, quien la hizo embalsamar y la exhibió en una jaula, en la puerta del Cabildo santafesino.
Dura la noticia. Muy dura. Seguramente el corazón de Norberta se debe haber estrujado al enterarse de los hechos y los detalles, y por eso lloró esa noche y todas las noches que viviera.
Olvido, nunca. Amor, siempre. Y siempre también esperó el regreso de quien sabía no podía ya retornar a su amada Entre Ríos y cumplir aquella promesa realizada antes de su partida.
Los documentos existentes sobre Norberta aseguran que mantuvo fidelidad a ese amor hasta su muerte, lo que se produjo el 22 de noviembre de 1880. Estamos hablando de nada menos que de 59 años.
“Y ella, con 90, nívea y arrugada, siente que se va a morir, pide que se le coloque el traje nupcial blanco, vaporoso, hecho para su enlace con el caudillo y muere con ese traje encima. Mujer espiritual, religiosa, tal vez pensó en aquellos instantes finales de su vida, que separados sus cuerpos, transitoriamente en la tierra, sus almas serían reunidas por Dios eternamente”, manifestó Lorenza Mallea, en un trabajo especial para la provincia publicado el 10 de junio de 1968.
El entrerriano Delio Panizza, inmenso poeta oriundo de Rosario del Tala, escribió: “Pero a la hora del jazmín abierto sobra la reciedumbre de la tapia, con vestido de novia estará siempre Norberta en el pretil de su ventana y oirá siempre en trote de los potros la quebrazón de un monte de tacuaras”.
En un trabajo de autoría de Juan Carlos Serqueiros, se afirma que en la partida de defunción se lee: “En el día veintidós de noviembre del año mil ochocientos ochenta, fue sepultado en el cementerio de esta Parroquia de la Concepción del Uruguay, el cadáver de Norberta Calvento que murió en el día de hoy en esta Capital, de edad noventa y dos años. Falleció de congestión cerebral y recibió los Santos Sacramentos y por verdad yo lo firmo. Yo, el Cura Vicario encargado Genaro R. Pérez”.
La edad que el sacerdote apunta en este documento no se condice con la fecha de nacimiento de Norberta, aunque es posible que el bautismo de la misma se produjera dos años después de su llegada al mundo, algo que era común por aquellos tiempos.
Los restos de Norberta Calvento fueron inhumados en el llamado “Nuevo Campo Santo”, inaugurado en 1856 por Justo José de Urquiza y que en la actualidad es el cementerio de Concepción del Uruguay. Allí, afirma Serqueiros, en el panteón de la familia Calventos, descansa para siempre Norberta.
Gustavo Surt historiador Chajari E. Rios