Ciudad

El proyecto, Calles para la Vida, nos dice Ema Cibotti, Presidente de la Asociación civil contra la Violencia Vial, ACTIVVAS, está centrado en la movilidad segura en los barrios residenciales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que tienen entornos escolares y forma parte de una idea global de las Organización de las Naciones Unidas y tiene más de 20 años, cuyo lema es: bajar las velocidades salva vidas.

El riesgo vial es propio de los entornos urbanos en donde los transeúntes habitualmente se mezclan pues algunos circulan en vehículos con motor, otros lo hacen caminando o en bicicleta, donde además hay muchas personas que son responsables de cuidar la movilidad de niños o mayores a cargo. La convivencia es muy necesaria pero nos condiciona y de manera muy diferente según seamos en cada momento automovilistas, motociclistas, peatones, ciclistas, niños, adultos mayores o personas con capacidades diferentes.

En todas partes el principal factor de riesgo es la velocidad, simplemente porque el cuerpo humano no resiste su impacto. Las estadísticas también dan cuenta de las probabilidades de sobrevida y es una terrible experiencia, cada año se pierden en las carreteras y calles del mundo: 1.350.000 vidas y cada día del año, 500 niños mueren en incidentes viales. Una escuela primaria menos en el mundo, todos los días. Insoportable.

Un atropello a 30 km/h mata al 5% de las víctimas, el 65% queda herida y el 30% sale ilesa. Si la velocidad de impacto es de 40 Km/h, solamente 4 personas quedan ilesas, 50% sufren heridas y muere el 45% de las víctimas. A 64 Km/h no hay ilesos, 15% sufren heridas graves y el 85% restante muere.

Esta es la razón por la cual la ONU pide a los gobiernos de los países bajar la velocidad de 40 a 30 Km/h en las calles de las ciudades. Algunas ciudades como Madrid, ya han tomado la medida incluso en sus avenidas. Este movimiento avanza sin prisa pero sin pausa, y las resistencias de la ciudadanía son cada vez menores.

Primero porque aun cuando no tengamos conciencia cabal de cuánto daña la velocidad motora, intuimos lo importante que resulta vivir en entornos seguros, saludables. Y tanto lo sabemos que adoptamos sin demasiadas quejas la buena costumbre de no fumar en lugares cerrados o poco ventilados. El cuidado del medio ambiente nos importa cada vez más, podemos sentir cómo mejora nuestra calidad de vida cuando bajan los niveles de contaminación sonora y el aire está menos viciado. En definitiva todo está conectado, para respirar mejor también necesitamos circular a menor velocidad porque en las ciudades los vehículos son la principal causa de contaminación atmosférica urbana.

Es cierto que la contaminación no mata directamente, agrava enfermedades respiratorias, cardiovasculares o cancerosas, parece invisible aunque sus efectos son devastadores. La velocidad nos destroza de manera inmediata.

No se trata de elegir cómo morir, sino de evitar muertes o lesiones repentinas y dolorosas para nosotros y los demás. En la ciudad de Buenos Aires, el promedio de lesionados en incidentes de tránsito alcanzan la terrible cifra de 10.000 cada año. Es demasiado. La cifra de muertos siempre es más de 100 y las víctimas que sobreviven con heridos graves, se acerca a los dos mil casos. Todos los años.

Las estrellas amarillas con el nombre y la edad de las víctimas, son una señal de homenaje, de memoria y de advertencia, para que el luto que envuelve a miles de familias se detenga.

¿Podemos hacerlo? Sí. Desde ACTIVVAS trabajamos para lograrlo conversando y mostrando que la velocidad de 40 km/ h es peligrosa pero además innecesaria en los barrios. Es la rémora de un pasado de ciudades con menos habitantes y menos autos. En estos años la legislación buscó atajarla. Por ejemplo la norma dispone que el cruce de boca calles sin semáforos sea a 30 Km/h. ¿Quiénes defienden la circulación a 40 Km/h respetan esa norma?, hemos consultado y los vecinos nos responden que no. Si en cada esquina la velocidad de 40 km/h debe disminuir a 30 km/h, ¿por qué no mantenerla así durante todo el recorrido?

Desde el mes de enero estamos trabajando junto a los vecinos de Bermúdez y Magariños Cervantes, que protestaron por ese cruce peligroso. Los apoyamos para pedir una intervención urbanística que ha disminuido los choques, todavía falta colocar reductores de velocidad y ya no habrá más ruidos de frenadas. La necesidad no la impuso nadie, surgió de la misma comunidad, porque la fuerza de la decisión está allí. Ambas esquinas están a una cuadra de una gran escuela, el Instituto San Ramón Nonato, por lo que en esas manzanas no es apropiado circular a 40 km/h. Los chicos caminan en todo el entorno escolar que no termina en la esquina del establecimiento.

La movilidad activa y segura de los chicos es un derecho para ellos y una obligación de todos nosotros.

La propuesta tiene la fuerza del sentido común y esperamos que muchos se sumen a la voluntad de los vecinos que la impulsaron y propongan también nuevas intervenciones que calmen el tránsito. A 30 km/h todos circularemos más tranquilos y seguros por las calles de nuestros barrios porteños.

La conducción motora no va a ser lenta, va a ser más regular y armoniosa. Pónganse a prueba, vale la pena, la Vida Vale.

Ema Cibotti

Presidente de ACTIVVAS,

Asociación Civil contra la Violencia Vial

www.activvas.org

Mail: emacibotti@activvas.org

  1. @emacibotti
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